

La gripe porcuaria. Alarma. ¿qué hacer?. Embolsémos a las víctimas culpables, primero. Embolsémonos nosotros después... etc,etc... El mundo es ahora sólo la voluntad de una representación colectiva, y un miedo perseverante que tapa a otro miedo. Ésto último no sale en el dibujo, se me acaba de ocurrir, pero ¿ a que queda bien? Me hago viejo y me lleno de temores colectivos que, de niño, no atendía...me distraían del verdadero peligro: Que me atrapara el hombre del saco, o quedara atrapado entre muertos. Esos miedos de gente protegida antes de la soledad, la pobreza y el hambre. Los miedos atávicos son los mejores. Esto otro es como una calcamonía, aunque habría que preguntárselos a esos otros que han muerto y que, siempre, son Otros, pero que parece que quedan demasiado cerca... siempre demasiado cercanos, parecidos incluso, ¿semejantes? !ná! !Semejante a tí no es ni siquiera tu reflejo! !Cómo podrían ser semejantes los demás!. Huyámos, corramos, o, peor, pongamos velas. Es sólo la rueda de la fortuna, protegánse si quieren, pero con elegancia... o sin ella: Corro ahora mismo a comprarme una corbata de ese azul de mascarilla. Y mientras tanto... echemos algo de comer a los dioses de la quimera.
Me ha dado un arrebato,
perdón.
Me hago absolutamente irresponsable de las frases anteriormente vertidas por el señor, que, lo juro, conozco de vista. De cuando hecho la vista atrás, y el Sol me da en la cara.